El futuro

Hoy me desperté y, luego del beso de cada día, apoye mi pie izquierdo sobre el parquet que rodea la cama. Bien de lleno: talon, punta, talón, arco, talón, dedos. Todo el pie izquierdo enterrado.

Y con todo lo bueno que había sido el día de ayer, con ideas nuevas y muchas ganas de llevarlas a cabo (la eterna deuda), me choco con una limitación (técnica en este caso) y así se derrumba todo, como un castillito de naipes que estaba, o parecía, bien construido. Reasoma el «no sirvo para esto», «no se», «no me sale», «para que me caliento en intentarlo», «me da paja», «mejor ponete un puesto de panchos»

Y así, como una reacción en cadena descontrolada se lleva puesto cualquier bastión de intención que exista de realizar las tareas diarias. Como una especie de súbita depresión que me empuja a tirarme en la cama, mirar televisión y comer solo por ansiedad, esperando ya mismo tener 70, la vida resuelta y vivir disfrutando de mi vejez, sin tener ya que preocuparme por estas cosas (mas si por otras).

Básicamente, como dijo un sabio: me preocupa el futuro porque es donde voy a pasar el resto de mi vida.
Y lo único que se me viene a la cabeza es la eterna pregunta ¿Que carajo estoy haciendo con esto? ¿Que va a pasar con esto en 5, 10 años? ¿Podré vivir de esto?  Y lo más importante.. ¿Me interesa vivir de esto? ¿Podría hacer otra cosa?

¿O tan solo esto es un medio? ¿O debo dejar de preocuparme por el mañana y vivir el aquí y ahora? ¿Podría ser peor? ¿Podría ser mejor?

Y hoy parece que no fue un buen día. Podría haber sido bueno, pero por mas que me lo plantee asi, no lo fue. Suele pasar.
Mejor volver a intentarlo mañana.