Homenajes

Para vos, maestro del taller de electronica de segundo año.

Hoy, 13 de septiembre, es el día del programador. La nerdeada lo festeja por ser el día 256 del año. No hay ninguna efeméride al respecto, ni ningún programador muerto en cumplimiento del deber que recordar, simplemente es día 256 del año que corresponde a los 256 posibles valores que podría tener un byte de información ([0-255]). Si a este punto te preguntas lo que es un byte, y su importancia, volvé por donde viniste.

Por otro lado, hace un par de días, mas precisamente el 11 de septiembre, se festeja/conmemora, al menos en Argentina, el “día del maestro”. Seguro hay una efeméride, la cual desconozco. Pero básicamente hay asueto en escuelas, y la etiqueta es saludar a los maestros por su tan noble labor de “educar” a los párvulos (y soportar a sus padres).

Dicho esto.

Hoy es el día para homenajear a una persona que, por los caprichos de la memoria, no recuerdo ni su nombre.

Corría el año 1997, 14 años, yo era un alumno de segundo año de un colegio industrial, de infraestructura agobiante, con cientos como yo, de diferentes edades y estratos sociales, que remábamos contra la vagancia propia de la edad, intentando generando las primeras armas y descubriendo nuestros propios intereses. Me metí de cabeza a estudiar “electricidad”, simplemente porque me gustaba como Mariano, el que “arreglaba” las cosas en casa, hacia que haya luz y ventiladores de techo en las habitaciones de la eterna construcción del segundo piso en la casa de mis padres.

Pero no fue hasta el tercer trimestre de ese segundo año que, cual epifanía celestial, descubrí un mundo maravilloso: la programación.

Este maestro del que no recuerdo el nombre vio en ese pendejo de 14 una esponja. Lo vio, me separó del resto y, entre circuitos integrados 555, cálculos supuestamente complejos (no era mas que una ley de ohm), leds, resistencias y el dulce olor al percloruro ferrico, me tiro por la cabeza un libro de Assembler, y una base conectada al puerto serial de una computadora para programar micro-controladores PICs (específicamente un PIC16F84, lo mejor que se conseguía). Lo mas más rudimentario entre el deseo de un ser humano, su cabeza, la programación y la electrónica. La base de casi todo.
Desde ese día nunca dejé de programar.

Ese pibe de 14 era una esponja, por momentos lo extraño. Cada tanto vuelve, con menos intensidad.
Lo que nunca volvió a mi vida es ese Maestro, con M mayúscula.
No se que hubiese sido mi vida sin haber vivido ese día, ese trimestre, ese año, en esa escuela, con ese Maestro.

Feliz día del maestro para el, donde quiera que estés, y del programador para mi.