La vida, a pesar de todo.

Hace un par de años recibí el regalo de cumpleaños más creativo e indicado (e impensado) de mi vida: una maceta con una Dionaea muscipula de un par de meses de vida.

Mi fascinación fue instantánea ya que tocó tres fibras internas: Mi eterna curiosidad por como funcionan las cosas, mi amor por la botánica, y a mi a-veces-mucha paciencia.

Con ella, Debora, tuve el privilegio de verla crecer, achicarse, hibernar, optimizar su energía, comer comer y comer, pedirme agua y darme sus colores como muestra de felicidad o enfermedad.

Decidí ir un paso más allá.

Hace unas semanas logre conseguir, finalmente, semillas de varios tipos de plantas carnivoras. Luego, arme mis bandejas, compré unas lamparas, moví libros, les cedí un estante de la biblioteca para ellas. Les di de comer, beber, les prepare su tierra especial, les genere su ecosistema altamente húmedo y me senté a esperar.

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Y hoy me toca verlas nacer. Desde una casi microscópica semilla a un incipiente tallo de unos milímetros hoy, pero con muchos años por delante.

A estas plantas les toca toda la hostilidad de este planeta: nacen en pantanos fuertemente ácidos, viven casi sin luz, se nutren sólo el agua del rocío que ocasionalmente cae, sufren heladas que las obliga a hibernar o morir, y hasta modificaron su genética y pusieron toda la ingeniería de sus mecanismos sólo para poder alimentarse de lo que ningún otro tipo de planta come: insectos.

Éste es el mundo de las plantas carnívoras. Un mundo maravilloso ya que éstas son la muestra mas elocuente de esa parte de la naturaleza que tiene ganas de quedarse en éste planeta, que no se rindió.

La vida, a pesar de todo. Brindo por ellas.

 

2 comentarios

  1. Ceci Saia says:

    Hay una teoría psicológica que habla de la “tendencia actualizante”, que es ese impulso de la vida por siempre luchar para poder desarrollarse, y donde más clarito se ve es, curiosamente, en las plantas :)

    Me encantó el post, Juan!

  2. Hernán says:

    Impresionante. Es una pasión que también comparto. Algo que todavía no logro describir es la sensación que contás: ver a la planta emerger, brotar contra viento y marea, crecer a una velocidad impresionante. Como bien dice Ceci, es sólo paradójico en apariencia que donde más claro se vea esa fuerza de la vida sea en las plantas.
    Ojalá eso también pudiera inspirarnos tanto.