Rody

Querido diario, hoy me encontre con Rody.

Martes 6 de febrero, faltan 15 minutos para la 1pm, estoy yendo a almorzar donde casi siempre y el asqueroso verano pega de lleno contra el auto. El aire acondicionado hace lo que puede mientras espero el semáforo de Av. Ugarte en la intersección con la calle Chacabuco, en Olivos, barrio donde transcurrió buena parte de mi vida. Mientras espero y esquivo el celular, cambio de estación de radio. No me dan los dedos para sacar la radio Metro. Pinta Aspen y su playlist eterna.

Cruzando la avenida en sentido norte veo a una persona de contextura grande, pelo blanquisimo y lentes de marco grueso. Me resulta familiar. Bastante.

Semaforo en verde, pongo primera y avanzo. Paso por el costado del ser humano de pelo blanco, barba tupida y contextura grande y lo veo. Quien es, quien es quien es quien es, mi cabeza a toda velocidad buscando en el fichero donde guardamos las caras de las personas con las que te cruzaste en la vida. Sigo derecho, a mínima velocidad, con toda la capacidad cerebral abocada en la búsqueda de esa cara.
Al llegar a la esquina, freno para dejar pasar a un auto y cae la ficha.

Hace mucho tiempo, sentí la necesidad de rendir un simple homenaje a algunos héroes anónimos que, sin saberlo, me me ayudaron a llegar hasta acá. El primero fue ese profesor NN de la secundaria al que le dediqué estas líneas.

Y frenado en esta esquina, cediendole el paso a la nada, fijo en el retrovisor viendo a este buen hombre de caminar seguro a pesar de sus seguros 70 largos años caigo en la cuenta de que él es otro de esos héroes anónimos que me ayudaron a subirme al tren que me trajo hasta acá.

Rody (junto a su hermano Martín), son (si, siguen siendo) los mejores profesores particulares de materias duras de nivel secundario y universitario que tiene, al menos, el barrio. Daban clases grupales a matemática, analisis matemático, física, química para pibitos de primer año del secundario y pibes con pelos en las bolas de la universidad.
Todos juntos en la misma mesa, pivoteando cual simultáneas de ajedrez, corrigiendo ejercicios, explicando teoría, limpiando lágrimas. Todo. A un nivel de intensidad que me impresiona que sigan haciendo. Saltaban de teoria de fuerzas estáticas a solutos y solventes, mientras miraban de reojo unas matrices más resueltas. 

Mi paso por la secundaria fue problemático. No estudiaba, dormia en clase, y sacarme aplazos era mi deporte favorito. Sumado a que cursaba uno de los colegios técnicos más exigentes, con materia hiper duras para un pibito con problemas que solo se quería ponerse los auriculares y escapar un rato.

En las viejas secundarias técnicas, el paso de tercer a cuarto año era el filtro. Era cuando pasabas de una secundaria común (estudiando geografía, historia, lengua, etc) a una secundaria con materias 100x mas duras y especificas de tu carrera, en mi caso: electricidad. Disfrute y padeci materia del tipo Centrales Electricas, Electrotecnia, Análisis matemático, etc.

La clave de esta historia está en que corría un caluroso diciembre de 1998. Hacía un semestre de la muerte de mi padre y yo no quería saber nada con la vida. Pero tenía un solo objetivo que me ataba a esta: aprobar Analisis Matematico 1.

Lo crucial de aprobar esa materia no era sólo que pasaba de año cagando con dos previas (laboratorio de mediciones eléctricas 1 y electrotecnia 1) si no que la parca de repetir de año ponía en jaque seguir en el mismo colegio y, sobre todo, perder la especialización técnica dado que me "caia del sistema" y entraba directo al EGB; sistema que a la postre destruyó la educación media (y con eso mi futuro, ligado a la ñoñada que descubriría con pasión el año siguiente).

Rody me cago a palos. Estuve mes y medio yendo tres veces por semana a preparar lo que debería haber estudiado en un año. No entendía qué carajo era una derivada; ni para que mierda servía una integral y que verga era un límite de X tendiendo a infinito. Me importaba una infinita cantidad de carajos, pero tenía que aprobar esa materia del demonio.

Lo hice.

Fui por la tarde a lo de Rody a contarle, me abrazo y me dijo: sabía que podías.

Nunca más lo volvi a necesitar. Y, aunque viviendo a dos cuadras de su casa, jamas los volvi a ver hasta hoy. Pense que ya se habían retirado hasta hoy, que baje la ventanilla y le dije:

Rody! ¿Cómo andas? Seguro no sabes quien soy pero yo si se quien sos vos. Fui alumno tuyo hace como 20 años. Gracias por todo!

A Rody se le dibujó una sonrisa, me saludo desde la vereda y continuó su camino y yo el mio.

Gracias Rody!