Un día como cualquier otro

Hoy, hoy es un día como cualquier otro.

Te despertás y te reís de haber soñado con la kioskera, esa morocha llamada Micaela.
Vas a la cocina y, a tientas, prendes la cafetera. Segunda etapa: vas al baño, te bañas, te lavas los dientes, te vestís. De vuelta a la cocina, te  servís café y recién ahí te sentí­s algo despierto.
Y un día como hoy, como cualquier otro, salís a la puta calle, vas caminando a tomarte el 184 de todos los días para ir a trabajar, tu camino habitual.
Saludas a la del kiosko con la esperanza de, en seis meses, robarle un beso. Y, ya apostado en la parada, puteas al cielo por la frecuencia de mierda del 184. Pensas en mudarte para no depender de este colectivo de mierda, pero eso te alejaría de la del kiosko.

Quemas el tiempo al que te condiciona el 184, como todos los  días, con un mate de Roberto, el canillita que tiene su puesto hace 60 años, ahí donde para el 184 en Av. de los Incas y Conde, y que te muestra estas tapas, correctamente ordenadas.

¿A quién creerle?

Yo? a ninguno, aunque a unos menos que a otros.

(fotos via @elpeor)

Vuelve este blog. De a poco.